« We promote equality, empowerment, and the exercise of rights for women and youth in Bolivia »
09 de junio de 2026
Con gran impacto y compromiso, concluyó recientemente la Formación Avanzada de Promotoras y Promotores en Educación Integral en Sexualidad: «Decidir es nuestro derecho». Este programa intensivo se propuso y alcanzó un objetivo fundamental: deconstruir la influencia de las normativas sociales en la sexualidad y reivindicar la autonomía corporal. A lo largo de sus distintos módulos, las juventudes participantes asumieron el reto de repensar sus derechos no solo como una garantía individual, sino como un acto político transformador capaz de generar un eco real en toda la comunidad.
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El primer gran eje de esta formación se centró en entender el cuerpo como un territorio político y un espacio de resistencia frente a diversas dinámicas de poder. Las y los asistentes exploraron cómo muchas de las decisiones que creemos tomar libremente están, en realidad, atravesadas por expectativas de género y matrices culturales. Rompiendo con la «dictadura de lo natural», se evidenció que las reglas impuestas sobre cómo debemos vernos o qué debemos desear no son biológicas, sino construcciones aprendidas. Así, la formación enfatizó que recuperar la soberanía sobre el propio cuerpo es un derecho inalienable frente a presiones y violencias cotidianas.
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Posteriormente, se profundizó en la esfera de los vínculos afectivos, logrando «hackear» los mitos del amor romántico que a menudo confunden el cuidado genuino con el control o la vigilancia. Se estableció que un vínculo sano no implica la ausencia absoluta de conflictos, sino la gestión respetuosa de los mismos, alejándose de las lógicas de posesión. En este sentido, se abordó la «anatomía de un límite» como un escudo protector necesario para salvaguardar el cuerpo, las emociones y el bienestar integral. La formación dejó claro que el amor es una práctica diaria que requiere compromiso, confianza y el cimiento de una ética feminista basada en el cuidado mutuo y la reciprocidad.
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Un componente crucial para el éxito de la formación fue su enfoque basado en la interseccionalidad, reconociendo que el derecho a decidir se ve condicionado por factores estructurales como el género, la edad y la situación económica. Al comprender que no todas las personas parten desde la misma línea de privilegios frente al acceso a la información, las juventudes participaron en el «Laboratorio de Activación Juvenil», un espacio diseñado para pivotar de la introspección teórica a la acción comunitaria directa. Las relaciones íntimas son el espejo del sistema, y defender la autonomía individual es el primer paso para transformar la realidad social compartida.
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El cierre de este ciclo educativo no marcó un punto final, sino el inicio de una movilización activa en espacios públicos mediante la intervención. Las y los nuevos promotores diseñaron mensajes dirigidos a la ciudadanía para promover la autonomía e igualdad, y se pretende construir un gran mural colectivo, ideado como un «lienzo vivo» para visibilizar sus voces políticas y recoger las de la comunidad. La formación concluyó con una poderosa certeza que ya resuena en las calles: las juventudes no son solo el futuro, sino los protagonistas indiscutibles del presente, listos para demostrar que el cuidado mutuo y la capacidad de decidir transforman radicalmente la sociedad.